En el año 194 a.C., el monumental triunfo de Flaminino inunda Roma de riquezas, marcando el fin de su tradicional austeridad y el inicio de una polémica segregación clasista en las gradas. Mientras la capital lidia con una histeria colectiva por continuos terremotos, el fantasma de Aníbal reaparece desde el exilio en la corte seléucida. Mediante una red de espionaje en Cartago, el general púnico desata la paranoia internacional y empuja a Roma a ejecutar una de sus jugadas geopolíticas más maquiavélicas en el norte de África.